Pasaba hace unos días x la puerta de la TVP y me encontré con un enorme cartel con los rostros de dos nóveles periodistas... ¡Claro! –advertí al rato. Llegaron con el cambio del "partido" gobernante... Y me pregunté (sin nada personal contra los retratados, pero impelido x las pompas del mismo cartel). ¿Desiguales? ¿o nuevas cepas del mismo sesgo?...
Fue ahí cuando resonó dentro mío esta frase: -- ¿Y si probamos, más que en democratizar la justicia, en despolitizar la función pública? ¿Y si nos liberamos de tantos "puestitos" políticos a través de los cuales quienes gobiernan se fagocitan lo público (y lo privatizan a su merced)?…
Nunca superaremos “la grieta” si no despolitizamos una función pública hoy ordenada a complacer al gobernante de turno. Complacencia que explica, además, la insistencia de los partidos en pelearse por la politiquería barata: esa orientada a sumar o restar un par de porotos… ¡a ellos -¡claro!- a espaldas de los problemas de todos!
Las muertes sucedidas estos días por la desidia de quienes han de cuidarnos de los traficantes, deja claro adónde conduce esta búsqueda de colocar a “iguales” (a sí mismos) en cargos y empresas públicas: a lesionar, con mímicas de intelectualidad, una de las palabras más sagradas de todo orden social: la igualdad. Aunque muestren saber jugar con su significado.
Nota publicada en Clarín, en la sección "Carta de lector" del 9/2/2022